Imachine all the people
agosto 10, 2009 por Dahl
Imaginemos que sí, que finalmente el gobierno le coloca un portátil a cada escolar. Imaginemos que lo cargan en la mochila para llevarlo al cole y que nunca lo pierden, que no se cae, ni recibe un balonazo, que nunca hay que volver a pedirle otro al gobierno y que el gobierno nunca dice que ellos ya pusieron el primero, que el segundo corre de tu cuenta. Imaginemos también que todos los centros escolares, pueblos y aldeas incluidos, y todos los hogares están conectados a la red.
Imaginemos que sí, que cada alumno se instala en su pupitre todas las mañanas y que el profesor ejerce su tarea, no de educador, sino de manual de usuario. Imaginemos que guía a los chavales para que se descarguen (por un precio inferior al del libro de texto convencional) tal o cual contenido, y que los chavales siguen la lección mirando cada uno su pantalla y avanzando con un click en el interactivo.
Imaginemos también que todo eso, además de significar una reducción real para las familias en coste de libro de texto en soporte papel, no supone una merma real en el proceso y la calidad del aprendizaje de los niños, que eso no aumenta aún más sus errores ortográficos o su dificultad para escribir a mano, que la lectura constante desde una fuente de luz (que ya no es ni la consola, ni el televisor, ni el ordenador de sobremesa de casa ni el móvil) no termina por fundir sus jóvenes retinas, y que el gobierno que quería ahorrar el gasto del libro de texto tiene ahora que inventarse un plan nacional de salud visual, y una subvención para pagar las gafas graduadas de los pequeños miopes.
Imaginemos que ahora que los dentistas han perdido el filón infantil gracias a la higiene bucal y abundante nutrición, ahora que resulta que sí hay una manera de prevenir la caries porque hay una vacuna que antes también existía pero que a nadie le interesaba producir, pues imaginemos que ahora son los oculistas y los oftalmólogos, a los que tampoco les iba mal, los que se hacen con el negocio. Tampoco les iba mal a los técnicos informáticos, tampoco a los fabricantes de software y hardware, ni a las operadoras de telefonía, pero imaginando vemos un futuro mucho más prometedor para su sector. E imaginando que los sistemas operativos no apuntan a ser software libre de código abierto, sumemos.
Imaginemos que nadie roba esas máquinas a caballo entre el portátil y el libro digital, que nunca se rompen, que no se vuelven obsoletas y que, contrariamente a lo que ocurría con el libro de texto, pueden heredarse entre hermanos (oh, no, perdón, cada hermano va a necesitar un terminal). Imaginemos que ese material informático no va nunca a parar a un vertedero, con su batería y sus microchips. Imaginemos que el gobierno no tiene entonces que activar un plan nacional, desde el ministerio de medio ambiente, para gestionar tales residuos.
En definitiva, imaginemos que aquí nunca tapamos un roto con un descosido, imaginemos que aquí sí sabemos que la solución a un problema como el precio moderado de la educación de los más pequeños (libros y material escolar) y la adaptación a las nuevas tecnologías pasa, como todo, por la lógica y el sentido común y no por el efectismo.
Texto e ilustración: Cuático!
www.cuatico.net

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