Sostener
marzo 27, 2009 por xavier
Como Pereira, el diseñador sostiene. Sostiene a su familia, que no es un asunto menor. Por si fuera poco, cual dios Atlas con el mundo, el diseñador sostiene a sus espaldas el mal gusto del cliente e intenta mejorarlo para que no caiga sobre sus intenciones de hacer algo memorable. El diseñador sostiene, además, que volverá al gimnasio porque lo la curva de la zona abdominal está tomando una extraña condición de perpetuidad. Y mientras sostiene una taza de café en la mano, sostiene tajante que lo de la precariedad laboral, la de él y la de los demás, se debería solucionar. Así no se puede seguir.
¿Se puede sostener tanto y al mismo tiempo ser sostenible? Si se recorren las páginas de la historia, al lado del imperio romano y de la locura de la revolución industrial se podrá comprobar que el diseño siempre ha tenido de su lado el poder de la subjetividad: si gusta bien y si no también porque ha sido diseñado a la imagen y semejanza de su creador, y por tanto, él es el único ser que tiene derecho a opinar si la criatura merece larga vida, o por el contrario, se ha ganado a pulso una muerte digna. Eso hasta ahora, hasta este número más específicamente, porque ahora descubrirá el diseñador que desde que el mundo mutó a correcto escenario de las buenas intenciones de unos idealistas ya no basta con su opinión, sino que es necesario someterse al rígido examen de la humanidad para poder perdurar. Menos mal.
A golpe de ratón, quien diseña debería ser consciente que es un deber, y no una casualidad, diseñar el tríptico más bello del mundo. Así, una vez publicado, no se lanzaría al momento a la papelera y se contribuiría en hacer de este un mundo mejor al reducir desperdicios, al reciclarlo en usos —posavasos, pad mouse…— y al reutilizarlo como inspiración para el trabajo que encargó otro cliente. Comenzar por esto y acabar siendo conscientes de los materiales que se utilizan para conseguir el producto final, hacer objeción de consciencia frente a una foto que no a lugar —trinomio mujer, bikini y neumáticos, por ejemplo— o dedicar esfuerzos para hacer llegar el diseño a aquellos a los que aún nadie se ha preocupado de encantar —arquitectos sin fronteras, por ejemplo, que basan su trabajo en técnicas tradicionales como el adobe— son asuntos en la lista de los pendientes por la profesión. Sostener que desde una mesa se pueden cambiar las cosas les puede parecer a algunos demasiado. Pero no saben, no se pueden llegar a imaginar, con quién están hablando.
Texto: Constanza Saavedra
Ilustración: Mayra Aguilar
Publicado en AyD 114

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