Un año para pensar

diciembre 11, 2008 por  

Según la definición oficial, calendario es el “sistema de representación del paso de los días, agrupados en unidades superiores, como semanas, meses, años, etc.”. No es discutible que así sea, pero sin duda hay mucho más que eso, porque si sólo se tratara de largos días, de duras semanas, de fríos y ardientes meses o de nostálgicos años, el diseño habría perdido como disciplina una de sus ramas de la creación más fascinantes: el calendario como (arrojadiza) herramienta del marketing personal y empresarial.

Si los de Taschen que todo lo recopilan estuviesen más atentos, no habrían perdido la oportunidad de hacer el ‘Big Books of Calendars’, o incluso peor, el calendario ‘Calendars’ con una muestra de los calendarios inolvidables para ilustrar cada mes. Es que el género da para mucho, porque si el gremio casi se ha debido resignarse al hecho que dentro de cada gran persona hay un pequeño diseñador, no le ha quedado más remedio que aceptar que dentro de cada sector empresarial, indiscutiblemente, hay un estilo de calendario.

Los monotema, una foto para todos los meses, son para aquellos sectores preocupados por los días en sí. Lo que se trabajan están en azul, y los que no, en rojo furioso. Más claro, imposible. En este género, lo imprescindible es permanecer durante todo un año en la memoria del usuario, por lo que siempre sobre la foto estilo ‘montañas suizas en verano con caballo color miel pastado en primer plano’ irá el nombre de la empresa que tan amablemente ha patrocinado la impresión del calendario, su dirección y, por supuesto, su teléfono. Y no será cualquier empresa. No. Será la de ‘Carpintería Hnos. Gzlez. Fdez.’ o ‘Material Eléctrico Vda. De J. Dguez. Mtnez. e Hijos’, porque el tiempo ha demostrado que sólo las viudas y los hermanos tiene derecho a la producción de este tipo de calendarios.

Por suerte hay más posibilidades para el resto de empresas y personas. Los hay nostálgicos de bolsillo, con miniletras y mininúmeros que se resisten a que cualquier artilugio electrónico tipo móvil tome su relevo. Los hay de mesa con citas célebres, con chistes o con la Ley de Murphy machacando día tras día. Los hay chinos de bambú que se canjean por puntos equivalente a cinco kilos de arroz tres delicias, los hay de todas las tipologías fetiches agrupables: de gatos, de flores, pin-ups, ojos verdes, pies grandes… Ahora mismo, cientos de almas estarán maquetando uno para cientos de almas que serán acompañadas durante un año por unas cuantas hojas que contienen en sí el tiempo entero.

Uno de los calendarios con mayúsculas, el de América Sánchez para Vinçon, nació con la idea de quitar de la hoja todo lo inútil y dejar perfectamente ordenado lo verdaderamente necesario. ¿Y si lo inútil fuera el paso del tiempo y lo verdaderamente necesario fuera imaginarse en los brazos de esa señorita ligera de ropa o en las montañas de Suiza en primavera? Y si así fuera ¿Que pasaría con los calendarios? ¿Ah?

Texto: Constanza Saavedra
Ilustración: Mayra Aguilar

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Publicado en AyD 111

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