La condena de durar
octubre 30, 2008 por Dahl
Debe haber por el mundo algún estudio científico que demuestre que en la predeterminación está el pánico y la tragedia de toda existencia. O dicho rápido y fácil, que el logo de la Televisión Española haya sido diseñado ‘para durar’, según declararon abiertamente sus autores, lo único que conseguirá es que no se pueda perpetuar ni que se reseñe, a modo de anécdota, en los capítulos del ‘Cuéntame como pasó’ del año 2036. Una pena.
Por algún extraño motivo, el peso de tener un único y vital objetivo desde el minuto cero de la existencia fuerza al mundo entero a intentar derribarlo. Si un hijo nace para universitario, se educa para universitario y se presenta al mundo como proyecto de universitario, del día de la selectividad no pasa. Eso seguro. El puente de Calatrava en Venecia, ese que se proyectaba para consagrar al arquitecto, fue inaugurado clandestinamente ante las críticas por doblar al presupuesto inicial, sin contar que ya está en obras de reforma porque más que puente se ha convertido en una pista de patinaje de translúcido cristal. Ha pasado justo lo contrario de lo que tenía que pasar. Normal.
Pecar de flipado es uno de los flancos más vulnerables del diseño. Si Mies van der Rohe hubiese diseñado en 1929 la silla Barcelona con la declarada intención de que en 2009 —¡ochenta largos años después!— la silla aún fuese actual, de seguro habría hecho una silla de pena. Vamos, un cagarro, en toda regla, perdonando la acertada expresión. Habría perdido el tiempo pensando cómo iban a tener el culo los hombres y mujeres del futuro, en el caso que lo tuviesen y no lo hubiese eliminado ya la evolución. Habría sido en plan espacial, la habría forrado con papel albal de la época y algún toque fosforito habría tenido, contando que existiese ese color en la paleta. Una auténtica pena.
Pues hoy, en 2008, la Corporación de Radio y Televisión Española, RTVE, cambia su imagen y proclama a los cuatro vientos que ha nacido para durar. Vaya condena más cruel para la nueva gráfica. Cierto es que ya era hora, que lo más lógico era unificar a todos los medios de este monstruo mediático y que el resultado global del cambio es notablemente positivo ¿Pero hacía falta afirmar que este logo perdurará? Puede ser que vayan por el buen camino. Prueba de ello es que a más de uno le cuesta acostumbrarse a esa pseudoameba multicolor que es la nueva mancha de los canales de televisión, por ejemplo. Quizás con el tiempo el ojo humano lleve mejor la digestión de degradados multicolores. Por ahora se antoja simplemente ‘el horror’, una mezcla entre el canal que vería Barbie o los Osos Amorosos. Otra vez una auténtica pena.
Texto: Constanza Saavedra
Ilustración: Mayra Aguilar
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Publicado en AyD 109

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