Tonto el que no lea
septiembre 26, 2008 por xavier
Leo en un artículo que una zona de la corteza cerebral del tamaño de la cabeza de un alfiler contiene millares de ventanas con millones de informaciones que han llegado hasta allí a través del fenómeno RAM (registro automático de la memoria). Allí permanecen las miserias, los conflictos, los traumas emocionales, y los monstruos más poderosos que el increíble Hulk .
Para “salvarnos”, hemos de superponer nuevas experiencias en el lugar de las antiguas, nuevas ventanas por las que entre el aire (“y luego un vientecillo para que yo respire” J.Viñals).
Una buena manera de vivir experiencias extraordinarias que nunca habríamos experimentado en nuestros espacios de vida cotidiana es viajar, moverse hacia un espacio desconocido. No se concibe el viaje hacia lo conocido, hacia el espacio donde consumimos nuestra cotidianidad.
Viajamos cuando paisajes cotidianos, cargados de símbolos culturales que recuerdan la pertenencia a un espacio y a un tiempo concretos, se sustituyen por otros paisajes, en los que nos sorprenderán el clima, la vegetación, la luz, los olores, los sonidos…
Hay un haiku que nos cuenta una historia más o menos así. Un monje está cruzando una calle y una flor muy corriente asoma sobre una pared. Una flor muy común, una flor ordinaria de esas que hay por todas partes. El la mira. Es la primera vez que él realmente la ha mirado, porque es muy corriente, es muy normal. Siempre se ve por ahí, por eso nunca se preocupó de mirarla anteriormente. La mira. El satori sucede.
El satori es ese destello (más conocido en Occidente como síndrome de Stendhal) que es capaz de impregnarnos momentánea pero intensamente, de conectarnos con lo que vemos con lo que vivimos, con el instante… de tal forma que, con el paso del tiempo, nos vengan a la memoria, esos “lugares”como si fueran un sueño.
Viajamos cuando tenemos sueños, es decir, proyectos de vida que nos ayuden a soportar las dificultades y a controlar el intelecto. (“La sabiduría suprema es tener sueños lo bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.” W.Faulkner)
Viajamos cuando interiorizamos, cuando desarrollamos la capacidad de observación, de deducción.
Viajamos cuando leemos.
Desde las estaciones de la línea de metro de nuestro recorrido diario hasta la crítica a la película “Viaje al Centro de la Tierra en 3D digital (IMAX)”, en el periódico que lleva abierto otro viajero a nuestro lado.
Os doy vacaciones y no os recomiendo ningún libro. Os recomiendo viajar, sentir, (a)mar. Pero…
Tonto el que no lea!
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