Diseño deshonesto

septiembre 26, 2008 por  

Aplicar la Ley del Talión al gremio de diseñadores gráficos sería una auténtica carnicería. No está claro si a una mentira gráfica correspondería cortar la mano ejecutora, sacar los ojos complacientes o sellar la boca que dispone la forma en que se consuma el engaño, lo que sí se puede afirmar es que a mayor profundidad de la crisis, mayores artimañas gráficas son demandadas, mayor cantidad de grafistas se ven obligados a ejecutarlas y mayor cantidad de circunspecciones éticas son derribadas. La mentira como recurso es una consecuencia insospechada y desmesurada de la subida del petróleo y de las hipotecas subprime.

Breve y contundente análisis: sector viajes. Abrir el periódico el domingo y no sufrir un repentino ataque esquizofrénico al leer un anuncio de cualquiera de las agencias al uso es una cuestión de suerte. Una sensación de ‘último cartucho’ invade a los operadores que obligan a sus diseñadores a violar las leyes de la estética y a mentir, compulsivamente. Que el circuito ‘Maravillas de Europa’ esté detallado con tipografía roja sobre fondo azul a seis puntos se puede justificar porque hay demasiados circuitos que explicar, porque la única manera de llamar la atención del trabajador medio es mediante colores. Lo que no tiene explicación es que consientan colocar esas fotos de playas paradisíacas de Cancún sin gente ¡en agosto! o esas instantáneas de habitaciones del tipo suite presidencial del Ritz para ilustrar los hoteles categoría ‘sup.’ en Benalmádena.

Mentir ha sido el recurso estrella para el éxito. Y no es cuestión de crisis: es un defecto de la condición humana que hoy, además de asumido, es exigido y demandado. En el sector inmobiliario al tema de la foto se le suma el eufemismo de un copy, indiscutiblemente creativo, que en vez de un local ve un ‘loft’ o en un piso por reformar ve ‘muchas posibilidades’. Y la gente sigue llamando para concertar visitas. Que la foto de la hamburguesa se parezca a la hamburguesa que finalmente se sirve es una entelequia a la que ya nadie aspira. Mejor el engaño, porque nadie querría ver una foto de un pan de hamburguesa del ancho de un folio que atrapa una mini circunferencia de carne rosada. Mejor no verla, comérsela ya es otro tema. O que la persona del antes y el después de la clínica de adelgazamiento sea la misma, o no, es un asunto nimio para la mayoría. Si la foto no muestra que además de adelgazar se te ha respingado la nariz, te han crecido los pechos y se te han arreglado los dientes, el producto debe ser bueno.

El papel todo lo aguanta, dicen, pero como venga un iluminado de alguna asociación de consumidores y se le ocurra comenzar a aplicar lo del Talión, no queda títere con cabeza, diseñador con mano o copy con lengua. Ni Tarantino ni Kitano podrían haber imaginado un final tan gore para quienes ayudan a sobreponerse a las penurias del consumo. Ni en sus mejores sueños.

Texto: Constanza Saavedra
Ilustración: Mayra Aguilar

Cuático.net

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